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El fin

Me parece, que es hora de comenzar un nuevo blog. Ahora, ya se que para todo efecto práctico, o casi todo, este ya estaba cerrado. He escrito una entrada en seis meses, y la escribí en un momento en el que sentía que estaba volviendo a ser la persona triste de antes. No que estuviese triste todo el tiempo, tengo tantos momentos felices.

Como estar recostada sobre el pecho de él en su apartamento mientras veíamos una película vieja en el sofá. Casi todos mis recuerdos felices son contigo. No se si estarás leyendo esto. Ojalá… para que lo sepas.

Tu cocinando pasta, yo mirándote, o en el sofá concentrada en la película. Era la tranquilidad absoluta. Escribí mucho sobre ti, no se si lo sabes. Y tampoco sé por qué siento que solo puedo decírtelo a través de un blog.

Tal vez tiene que ver con la tristeza, que nunca está lejos, y que a veces me atrapa sin advertencia. Este blog fue mi defensa contra esa tristeza durante algunos años. Poco importaba para mi que la gente lo leyera o no, y por eso mismo, tal vez, perdí el miedo a que la gente lo leyera. Le conté a mi mamá del blog, a todos mis tíos, a mi hermana, a mi papá. No puedo negar que en algunos casos esto afectó en algún grado mi escritura. Pero también escribí cosas crudas, personales hasta la médula, cosas que jamás me hubiese atrevido a decir en voz alta. Saber que la gente más cercana a mi estaba leyéndome, teniendo una comunicación con migo sin máscara me hacía estar más tranquila. Como si dijese: ‘Ya ves, aquí estoy, esta soy yo’.’ Al final, lo único que quería decir era: ‘Estoy triste todo el tiempo y no entiendo por qué’. Hasta hoy es difícil para mi escribir eso sin sentir que estoy siendo melodramática. Pero luego me obligo a recordar los momentos en los que la tristeza me envuelve. En esos momentos el peor escenario posible se vuelve real. Los miedos parecen racionales. Todo gira hasta que te aplasta y te haces un ovillo en la cama, las sabanas enrolladas en los pies, y esperas a que pase, a que te quite la tristeza el manto de los hombros y puedas ver el mundo sin frío en el pecho.

Pero ya tengo otros métodos de tener lejos la tristeza. Ya no me da tanto miedo decir lo que pienso en voz alta. O más bien, ya no me importa tanto lo que la gente piense de mi.

Por ahora, creo que es importante empezar un nuevo blog, por que tengo historias que contar, pero de alguna manera esas historias no tienen cabida en este lugar. Aquí vertí mucha tristeza.

Voy a ser valiente una vez más.  Voy a alterar las cosas. A seguir divagando. Los amo, a todos los que alguna vez leyeron esto. Gracias, desde el fondo alma de una mujer pequeña e inconsecuente que va vagando por las sombras, persiguiendo luces, atrapándolas en palabras, mezclándolas en frases que a veces se diluyen y aveces, solo a veces, se convierten en algo sólido, algo a lo que puedo volver, y mirar y decir… así era. Así fue.

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No correspondido

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Te pienso todo el tiempo, aún cuando se que tu no me piensas, y tal vez aún más por eso. Si dejas mi mente por un segundo, el recuerdo de tus besos me atropella, sin piedad, vuelvo a sentir tus labios contra los míos, tu lengua furiosa que me reclama, y tus manos que hacen sentir el cuerpo vivo, como no lo siento nunca, cada centímetro de piel en fuego vivo. Avasallador. Así eres. Ocupas cada rincón de carne y cada cada pensamiento cuando te vas.

¿Que quiere una mujer de un hombre?

Pasión. Suficiente olvidar todo lo demás y convertir el cuerpo en fuente de placer y no de sufrimiento. De armonía y no de contradicciones.

Y te fuiste, y ahora ando ahogada, buscando de nuevo esa llama dulce y dolorosa.

¿Te busco a ti? ¿Busco lo que me hiciste sentir?  Nadie más parece tener ese fuego en el alma, eso que te hace tan fuerte sin ser macho, tan interesante sin ser presumido, tan sensual sin ser vanidoso.

Tenerte es imposible, por que nos perteneces a todas.

En un mundo donde puedo adivinar casi siempre lo que los hombres me van a decir, tu me dejaste muda. Así es.

 

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La la Land

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Es difícil para mi ser objetiva en cuanto a una película que reúne tantos elementos que me seducen por completo desde que empecé a ver películas. ¿Que puedo decir? Soy una chica de musicales. Así que, de entrada, supe que La la land iba al menos a ser una oportunidad para cantar a todo pulmón con Emma Stone y Ryan Gosling. Para perderme un rato en un mundo mágico de música y baile y no pensar tanto. La realidad, sin embargo, contradijo las expectativas. Para mi, La la land no fue un escape de la realidad. Fue más como un golpe en el pecho.

¿La razón? I am nothing but a fool who dreams and I have nothing but a heart that aches. Yo soy una tonta ingenua que se dedica a perseguir un fuego que cree tener dentro, pero que nunca ha visto. Yo soy la clase de persona que no sabe sobrevivir en un mundo de adultos de tuercas y de números. Yo amo las cosas bellas e inútiles. Amo los libros y las pinturas. Amo a la gente amable. Amo las sonrisas y amo los ambientes cálidos. Amo ayudar y amo poder pedir ayuda. Poder decirle a alguien: Hoy estoy triste. Hoy quiero estar en silencio. Y que la otra persona entienda. Amo escribir y explorar mi mundo interior. Amo el amor.

Existen lugares donde se puede ser así. Las universidades, las escuelas. Pero el mundo, creo, no está hecho para gente como yo. Está hecho para gente dura que se abre camino con los dientes. No para gente suave que anda con el alma abierta y el corazón en la mano. Así que la verdad es que, como Mía, yo vivo con miedo. Miedo de no ser lo suficientemente buena en mi arte. Miedo de que, si no logro hacer dinero y fama, voy a ser vista como un fracaso.

Pero La la land, al final, no se trata de la angustia de ser un artista. En realidad, se trata de la misma historia de siempre. Sigue tus sueños, trabaja duro, cree en ti y todo se va a hacer realidad.  Te vas a volver rica y famosa. El mundo te va a justificar. Al final, la recompensa de Mía es la entrada a la misma sociedad que destruye a soñadores como ella. Su recompensa es dinero y fama. Su recompensa es aquello que hace que todos los artistas que no llegamos a ser adorados seamos vistos perdedores.

Así que, al final, salí con el corazón roto. Roto por mi. Roto por todos los que soñamos y andamos con el alma abierta, recibiendo golpe tras golpe. Porque nuevamente estaba aquí Hollywood diciéndome: Si eres lo suficientemente buena, serás rica y famosa. Si no logras riqueza y fama, entonces perdiste el tiempo.

Vete a la mismísima mierda, Hollywood. Por una vez quisiera ver una película sobre un artista que es feliz siendo artista. O sobre alguien que no se vuelve exitoso en el sentido tradicional pero no se siente como un fracaso. Sobre alguien que encuentra paz para su corazón adolorido lejos de las expectativas que lo hacen doler.

Esta no es una película para soñadores. Es una película para gente que nunca ha sentido el dolor de soñar.

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La libertad es la paz, y la paz es el derecho a disentir

 

Para mi, este acuerdo es la posibilidad de estar en desacuerdo con el modelo económico y político de mi país sin que eso quiera decir violencia. Para mi, paz es libertad de expresarme con tranquilidad de que mi integridad no va a estar en la linea. Paz es que una mujer joven y sin pretensiones pueda gritar a los cuatro vientos que quiere una vida digna, libre y bella para TODOS. Esto es para mi lo único que importa. No más armas. No más guerra. Más educación. Más pensamiento libre. ¡¡¡Más vida!!!

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Y, ¿si lo que no nos mata, no nos hace más fuertes?

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Últimamente he estado pensando mucho en esto, y la razón es que por primera vez en años, volví a reflexionar sobre lo difícil que fue el colegio para mi. No académicamente, sino socialmente. La mayoría de la gente dice que que el colegio fue la mejor época de su vida, pero a mi me preguntan por el colegio y yo digo, que horror.

A pesar de que hubo momentos buenos, en general el colegio fue un suplicio constante desde el principio para mi. Muy chiquita, entré a un colegio de solo niñas. Nadie se metía conmigo jamás. A veces llegaba por la mañana y le decía a alguna niña que si podía estar con ella en el recreo. Por lo general me decían que no, lo cual era terrible, no por que yo me muriese de ganas de estar con ella, de hecho me gustaba estar sola, sino porque tenía que huirle a la profesora de religión que insistía en sentarse al lado mio a verme comer mis onces cada vez que me veía sin “amigas”. Insistía en hacerme preguntas y yo sufría, rogándole en silencio que se fuera y me dejara tranquila, por que no había peor humillación que ser tan “rechazada” que hasta las profesoras te tenían lástima. Esto me llevaba a crear elaborados planes durante la noche, como llevar en mi lonchera dos yogurts en vez de uno e intentar sobornar a algún grupito con éste para que me dejaran estar cerca a ellas durante los recreos. Yo no quería hablar, ni siquiera que me incluyeran, solo que se me viera en compañía para que las profesoras no se me acercaran a preguntarme por qué no estaba con mis amiguitas. Otra opción era salir corriendo apenas sonaba la campana y esconderme en alguna parte. La biblioteca se volvió mi santuario durante algunas gloriosas semanas, pero pronto las bibliotecarias empezaron a sacarme y a decirme que fuera a “jugar”, que no se podía estar en la biblioteca en los recreos. Recurría entonces a los  baños. Pero me aburría. Así que debía hacer de tripas corazón e irme al odiado parque donde las otras niñas no me dejaban jugar con ellas, o se burlaban de mi cuando jugaba sola. Día tras día, año tras año era igual.

Cuando llegué a la primaria las reglas de la biblioteca se relajaron un poco y pude volver. A veces, sin embargo, me picaban las ganas de tener amigas. Una vez le dije a una profesora en la que, muy tontamente, confiaba, y la reacción de ella fue decirles a dos niñas que, o se metían con migo en el recreo o les ponía detención. Yo, por supuesto, no sabía esto, y cuando Laura y Catalina me invitaron a estar con ellas en el recreo, casi me morí de la emoción. Me acuerdo que fuimos a los árboles y a los columpios, y me acuerdo de haber estado relajada y feliz. Cuando al día siguiente llegué radiante a preguntarles qué íbamos a hacer ese día, me informaron que ya habían estado con migo un día por que las habían obligado. A mi nunca me han pegado un puño en el estómago, pero me imagino que se debe sentir algo parecido.

Ese día me di por vencida, y decidí no volver a acercarme a NADIE a menos que tuviera la certeza ABSOLUTA que querían estar con migo.

Toda mi escolaridad fue una serie de eventos parecidos a este, y durante muchos años me repetí a mi misma aquella frase mágica lo que no te mata, te hace más fuerte. Supongo que necesitaba creer que el rechazo constante eventualmente sería bueno para mi.

Creo que estaba equivocada. Creo que todos esos años de sentirme agradecida y avergonzada cuando alguien se dignaba a dejarme estar en su compañía sólo me han hecho una persona más triste. Menos fuerte. Lo que no te mata no solo no te hace más fuerte, sino que se lleva consigo un pedazo de tu ser que luego toma años y años volver a construir. Puede ser que el nuevo pedazo sea una versión mejorada del anterior, pero si te haces más fuerte es porque tu fuiste capaz de volver a construirte a pesar del sufrimiento.

Puede que a mi nunca me hayan roto un brazo a golpes, pero me han roto la dignidad y el autoestima muchas veces, sin nunca darme tiempo para curarme, sin ponerme un yeso en el alma.

No creo que ser rechazada desde el preescolar hasta décimo (cuando por fin tomé la decisión de validar el bachillerato y no volver a la cámara de tortura que era el colegio) me haya hecho más fuerte, pero tal vez si me hizo la persona que soy hoy en día. ¿Eso será bueno, o malo? No se. El tiempo dirá, supongo.

 

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Deadpool

 

 

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Fucking fuckity fuck. Me encantó esta película.

Una película de súper humanos PARA adultos, donde hay humor, y donde los cuerpos, de hecho, tienen sangre. Me reí como una tonta, sí, pero la película resultó ser sorpresivamente tensionante y, por momentos, dulce. Es una historia de amor donde se habla de sexo, no solo de amor eterno. Es una historia de horror donde lo miedoso son las torturas a las que someten a Wade Wilson. Para mí, que soy una ávida consumidora de la cultura pop, esta película dio en el clavo, con  su humor meta y sus constantes referencias al mundo exterior. Deadpool es adorablemente adorable, incluso cuando está cortándole la cabeza a uno de sus enemigos. Amé, y esto es un spoiler así que advertidos, el hecho de que al final mata a su torturador porque, simplemente, se niega a dejar a semejante psicópata vivo, y de paso se asegura de impedir que a alguien le pase lo que le pasó a él. Esto lo convierte en un asesino a sangre fría, lo cual por demás, lo tiene sin cuidado.

Me gustó muchísimo el personaje de Colossus. Dulce, educado, caballeroso , gigantesco y metálico. Durante mi adolescencia, la gran mayoría de mis amigos eran hombres metaleros, y si algo me enseñó esta experiencia es que entre más miedoso e intimidante se ve alguien, más tierno suele ser. Negasonic Teenage Warhead, por su parte, me pareció una perfecta representación de lo que es ser una niña adolescente, callada pero de cuidado cuando la hacen explotar (literalmente, en este caso).

Debajo de todas las referencias y los chistes visuales (como la bala en la cola, o la mano que se regenera) Deadpool tiene algo más: Un gran personaje. Wade Wilson tiene dos armas más allá de sus poderes: Una, un sentido del humor a prueba de torturas y dos, que sabe exactamente quién es. Al igual que su película, no parece importarle si a alguien le gusta o no, y no tiene el más mínimo interés en ser diferente.

Al parecer, la mejor manera de caerle bien a todo el mundo es que honestamente no te importe tanto lo que piensen.

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