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No correspondido

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Te pienso todo el tiempo, aún cuando se que tu no me piensas, y tal vez aún más por eso. Si dejas mi mente por un segundo, el recuerdo de tus besos me atropella, sin piedad, vuelvo a sentir tus labios contra los míos, tu lengua furiosa que me reclama, y tus manos que hacen sentir el cuerpo vivo, como no lo siento nunca, cada centímetro de piel en fuego vivo. Avasallador. Así eres. Ocupas cada rincón de carne y cada cada pensamiento cuando te vas.

¿Que quiere una mujer de un hombre?

Pasión. Suficiente olvidar todo lo demás y convertir el cuerpo en fuente de placer y no de sufrimiento. De armonía y no de contradicciones.

Y te fuiste, y ahora ando ahogada, buscando de nuevo esa llama dulce y dolorosa.

¿Te busco a ti? ¿Busco lo que me hiciste sentir?  Nadie más parece tener ese fuego en el alma, eso que te hace tan fuerte sin ser macho, tan interesante sin ser presumido, tan sensual sin ser vanidoso.

Tenerte es imposible, por que nos perteneces a todas.

En un mundo donde puedo adivinar casi siempre lo que los hombres me van a decir, tu me dejaste muda. Así es.

 

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La la Land

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Es difícil para mi ser objetiva en cuanto a una película que reúne tantos elementos que me seducen por completo desde que empecé a ver películas. ¿Que puedo decir? Soy una chica de musicales. Así que, de entrada, supe que La la land iba al menos a ser una oportunidad para cantar a todo pulmón con Emma Stone y Ryan Gosling. Para perderme un rato en un mundo mágico de música y baile y no pensar tanto. La realidad, sin embargo, contradijo las expectativas. Para mi, La la land no fue un escape de la realidad. Fue más como un golpe en el pecho.

¿La razón? I am nothing but a fool who dreams and I have nothing but a heart that aches. Yo soy una tonta ingenua que se dedica a perseguir un fuego que cree tener dentro, pero que nunca ha visto. Yo soy la clase de persona que no sabe sobrevivir en un mundo de adultos de tuercas y de números. Yo amo las cosas bellas e inútiles. Amo los libros y las pinturas. Amo a la gente amable. Amo las sonrisas y amo los ambientes cálidos. Amo ayudar y amo poder pedir ayuda. Poder decirle a alguien: Hoy estoy triste. Hoy quiero estar en silencio. Y que la otra persona entienda. Amo escribir y explorar mi mundo interior. Amo el amor.

Existen lugares donde se puede ser así. Las universidades, las escuelas. Pero el mundo, creo, no está hecho para gente como yo. Está hecho para gente dura que se abre camino con los dientes. No para gente suave que anda con el alma abierta y el corazón en la mano. Así que la verdad es que, como Mía, yo vivo con miedo. Miedo de no ser lo suficientemente buena en mi arte. Miedo de que, si no logro hacer dinero y fama, voy a ser vista como un fracaso.

Pero La la land, al final, no se trata de la angustia de ser un artista. En realidad, se trata de la misma historia de siempre. Sigue tus sueños, trabaja duro, cree en ti y todo se va a hacer realidad.  Te vas a volver rica y famosa. El mundo te va a justificar. Al final, la recompensa de Mía es la entrada a la misma sociedad que destruye a soñadores como ella. Su recompensa es dinero y fama. Su recompensa es aquello que hace que todos los artistas que no llegamos a ser adorados seamos vistos perdedores.

Así que, al final, salí con el corazón roto. Roto por mi. Roto por todos los que soñamos y andamos con el alma abierta, recibiendo golpe tras golpe. Porque nuevamente estaba aquí Hollywood diciéndome: Si eres lo suficientemente buena, serás rica y famosa. Si no logras riqueza y fama, entonces perdiste el tiempo.

Vete a la mismísima mierda, Hollywood. Por una vez quisiera ver una película sobre un artista que es feliz siendo artista. O sobre alguien que no se vuelve exitoso en el sentido tradicional pero no se siente como un fracaso. Sobre alguien que encuentra paz para su corazón adolorido lejos de las expectativas que lo hacen doler.

Esta no es una película para soñadores. Es una película para gente que nunca ha sentido el dolor de soñar.

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¿Es Dios Transgénero?

Mi primo Camilo me pasó el siguiente artículo publicado en el New York Times titulado “Is God Transgender? – ¿Es Dios Transgénero? (http://www.nytimes.com/2016/08/13/opinion/is-god-transgender.html?smid=tw-nytimes&smtyp=cur&_r=0) y, como suele hacer, me puso a pensar. Escrito por un Rabino, el articulo presenta la idea de que en la antigüedad Dios no era hombre, era una entidad fluida que abarcaba tanto lo femenino como lo masculino. La evidencia se encuentra en el uso de los artículos de género en la biblia hebrea (leída en el idioma original):

” In fact, the Hebrew Bible, when read in its original language, offers a highly elastic view of gender. And I do mean highly elastic: In Genesis 3:12, Eve is referred to as “he.” In Genesis 9:21, after the flood, Noah repairs to “her” tent. Genesis 24:16 refers to Rebecca as a “young man.” And Genesis 1:27 refers to Adam as “them.”

El lenguaje utilizado al hablar de género es altamente fluido- Se habla de Eva como ‘él’, de Adan como ‘ellos’, y se refiere a Rebeca como un ‘jóven muchacho’. Mordecai es mostrado amamantando a su sobrina Esther, y en Isaías 49:23 se habla de los futuros reyes de Israel como ‘reyes amamantadores’.

Ahora, la Iglesia Católica se ha dedicado a través de la historia a reprimir la sexualidad (la de ambos géneros, aunque la femenina en particular), a hacernos sentir que es algo sucio, impuro, y que solo una mujer ‘virgen’ es digna de Dios. El hecho de que Dios sea visto como un ‘padre’, es decir como una entidad masculina, no es fortuito tampoco. Al leer la perspectiva del autor del artículo del NYT, me pareció que en la antigüedad la sexualidad y el contacto profundo con el cuerpo era algo bello y espiritual, algo de los dioses. También me quedó claro que ningún sexo era visto como superior, sino que un ser superior se creaba al fusionar en uno lo femenino y lo masculino:

In the ancient world, well-expressed gender fluidity was the mark of a civilized person. Such a person was considered more “godlike.” In Ancient Mesopotamia and Egypt, the gods were thought of as gender-fluid, and human beings were considered reflections of the gods.  

En el mundo antiguo una persona que se movía con facilidad entre los géneros era una persona más civilizada, más parecida a los dioses. Los mismos dioses eran entidades que no pertenecían exclusivamente ni a lo femenino ni a lo masculino, y los humanos no eramos más que pálidos reflejos de estos seres superiores.

En la modernidad, por el contrario, hemos visto a las personas de género fluido o transgénero como raros, peligrosos, sucios: errores. Pero es ahora la ciencia la que nos muestra que no solo no es así, si no que todos estamos moviéndonos en algún punto del espectro de la sexualidad:

Scientists now tell us that gender identity, like sexual orientation, exists on a spectrum. Some of us are in greater or lesser alignment with the gender assigned to us at birth. Some of us are in alignment with both, or with neither. For others of us, alignment requires more of a process.

Tanto la identidad sexual como la orientación sexual existen en un espectro, no en dos cajas separadas cómo hemos creído durante tanto tiempo. Algunos estamos más alineados con el sexo que se nos asigna al nacer, otros con el opuesto, o incluso con ambos. Todos nacemos en algún punto de este espectro, y podemos movernos a través de él. Es por tanto, un proceso. La sexualidad no es estática. Una persona sí pude moverse y explorar.(Para los que les interese adentrarse más en este tema les recomiendo esta Ted Talk: https://www.youtube.com/watch?v=VAJ-5J21Rd0)

¿Qué pasó, entonces? ¿En que punto de la historia pasamos de admirar y respetar a las personas que se mueven a través del espectro de la sexualidad a oprimirlas y despreciarlas? Como dice también el autor del articulo, causa mucha tristeza ver cómo se utilizan argumentos religiosos para defender prejuicios sociales: I’m a rabbi, and so I’m particularly saddened whenever religious arguments are brought in to defend social prejudices. 

Jesús, estoy segura, hubiese defendido con todas sus fuerzas a los que luchan por su derecho a ser ellos mismos. Estoy segura de que se pondría furioso con aquellos que utilizan su nombre para oprimirlos, discriminarlos e incluso, en algunos casos, matarlos. La sociedad, creo, espero, está pasando por una especie de renacer, estamos adquiriendo una nueva claridad mental en la que la espiritualidad será una herramienta para crecer todos los días, no un ancla de dogmas que nos mantenga para siempre iguales.

Pero lo realmente importante, es entender que nuestras nociones de identidad sexual son un fenómeno moderno- como dice Camilo. Lo que hoy consideramos anormal era normal en la antigüedad. Podría ser que de podernos ver hoy, los antiguos calificarían de anormales las más ordinarias de nuestras costumbres. Como la sexualidad humana, las costumbres y culturas cambian, evolucionan. Nuestras creencias son producto de los tiempos en los que vivimos. No vienen ni de dios, ni de la antigüedad.

 

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Entre la emoción y la incertidumbre

http://caracol.com.co/radio/2016/06/28/nacional/1467136546_983154.html

Después de leer en el link de arriba las declaraciones del Presidente Santos sobre la importancia de fortalecer la policía anti-disturbios para el pos-conflicto, y de la otra noticia de la aprobación del nuevo código de policía, no puedo dejar de sentir, junto a la emoción que me da la firma del cese bilateral y definitivo, una pequeña dosis de incertidumbre. Se supone que ahora vamos a poder hablar con libertad aunque no estemos de acuerdo, cosa que no ha pasado en Colombia desde la Violencia entre liberales y conservadores de la década del 50′. Se supone que podremos protestar sin necesidad de sentirnos particularmente arriesgados al hacerlo. Pero el gobierno parece estar en otra onda: la onda de que si no se va a reprimir por las armas, se va a tener que reprimir a la gente por otros medios. Que susto.

Ahora, si ya están pensando que esto quiere decir que yo me estoy declarando del partido político que saldría de las FARC, piensen otra vez. Para mi una de las más nefastas consecuencias que nos ha dejado el conflicto armado en Colombia es el hecho de que se ha demonizado a la oposición legítima, a aquellos que han buscado oponerse radicalmente al gobierno jugando el juego político. Para los opositores, esto nunca ha funcionado, si no me creen, hagan una rápida búsqueda en google de la Unión Patriotica, o de los Estatutos de Seguridad del Presidente Turbay. En Colombia el que tenga el más ligero tinte izquierdoso, para no hablar de anarquista, lo califican inmediatamente de ‘mamerto’ o, peor aún, de guerrillero. Esto se traduce en que a los opositores, o no los toman enserio, o los declaran abiertamente enemigos.

Esta es la razón de fondo por la cual me preocupa  tanto que el cuadro que se está pintando para el pos-conflicto, sea uno en el que el gobierno parece tener miedo de sus ciudadanos. Si no, ¿podría alguien decirme por qué se aprobó un código que deja a la ciudadanía, en muchos casos, desprotegida ante agentes inescrupulosos? ¿Por qué decir que  “[ahora que] ya no será en las selvas a punta de bala, sino por las vías democráticas como se solucionen las diferencias de nuestra sociedad, el papel del Esmad se vuelve especialmente importante”(ver link)? ¿Realmente va a ser el ESMAD (cuerpo anti disturbios de la policía), que acaba de salir de un escándalo por la muerte de tres líderes indígenas durante las protestas del paro agrario, un grupo tan relevante ahora que se va a hacer política sin armas? ¿Qué dice eso de la visión del gobierno hacia el pos-conflicto? ¿Acaso lo más peligroso del pos conflicto van a ser las protestas sociales? ¿Para quién?

Nunca me cansaré de repetir que paz sin libertad, no va a ser paz. Ese, para mí, sí sería un precio inaceptable.

 

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Y, ¿si lo que no nos mata, no nos hace más fuertes?

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Últimamente he estado pensando mucho en esto, y la razón es que por primera vez en años, volví a reflexionar sobre lo difícil que fue el colegio para mi. No académicamente, sino socialmente. La mayoría de la gente dice que que el colegio fue la mejor época de su vida, pero a mi me preguntan por el colegio y yo digo, que horror.

A pesar de que hubo momentos buenos, en general el colegio fue un suplicio constante desde el principio para mi. Muy chiquita, entré a un colegio de solo niñas. Nadie se metía conmigo jamás. A veces llegaba por la mañana y le decía a alguna niña que si podía estar con ella en el recreo. Por lo general me decían que no, lo cual era terrible, no por que yo me muriese de ganas de estar con ella, de hecho me gustaba estar sola, sino porque tenía que huirle a la profesora de religión que insistía en sentarse al lado mio a verme comer mis onces cada vez que me veía sin “amigas”. Insistía en hacerme preguntas y yo sufría, rogándole en silencio que se fuera y me dejara tranquila, por que no había peor humillación que ser tan “rechazada” que hasta las profesoras te tenían lástima. Esto me llevaba a crear elaborados planes durante la noche, como llevar en mi lonchera dos yogurts en vez de uno e intentar sobornar a algún grupito con éste para que me dejaran estar cerca a ellas durante los recreos. Yo no quería hablar, ni siquiera que me incluyeran, solo que se me viera en compañía para que las profesoras no se me acercaran a preguntarme por qué no estaba con mis amiguitas. Otra opción era salir corriendo apenas sonaba la campana y esconderme en alguna parte. La biblioteca se volvió mi santuario durante algunas gloriosas semanas, pero pronto las bibliotecarias empezaron a sacarme y a decirme que fuera a “jugar”, que no se podía estar en la biblioteca en los recreos. Recurría entonces a los  baños. Pero me aburría. Así que debía hacer de tripas corazón e irme al odiado parque donde las otras niñas no me dejaban jugar con ellas, o se burlaban de mi cuando jugaba sola. Día tras día, año tras año era igual.

Cuando llegué a la primaria las reglas de la biblioteca se relajaron un poco y pude volver. A veces, sin embargo, me picaban las ganas de tener amigas. Una vez le dije a una profesora en la que, muy tontamente, confiaba, y la reacción de ella fue decirles a dos niñas que, o se metían con migo en el recreo o les ponía detención. Yo, por supuesto, no sabía esto, y cuando Laura y Catalina me invitaron a estar con ellas en el recreo, casi me morí de la emoción. Me acuerdo que fuimos a los árboles y a los columpios, y me acuerdo de haber estado relajada y feliz. Cuando al día siguiente llegué radiante a preguntarles qué íbamos a hacer ese día, me informaron que ya habían estado con migo un día por que las habían obligado. A mi nunca me han pegado un puño en el estómago, pero me imagino que se debe sentir algo parecido.

Ese día me di por vencida, y decidí no volver a acercarme a NADIE a menos que tuviera la certeza ABSOLUTA que querían estar con migo.

Toda mi escolaridad fue una serie de eventos parecidos a este, y durante muchos años me repetí a mi misma aquella frase mágica lo que no te mata, te hace más fuerte. Supongo que necesitaba creer que el rechazo constante eventualmente sería bueno para mi.

Creo que estaba equivocada. Creo que todos esos años de sentirme agradecida y avergonzada cuando alguien se dignaba a dejarme estar en su compañía sólo me han hecho una persona más triste. Menos fuerte. Lo que no te mata no solo no te hace más fuerte, sino que se lleva consigo un pedazo de tu ser que luego toma años y años volver a construir. Puede ser que el nuevo pedazo sea una versión mejorada del anterior, pero si te haces más fuerte es porque tu fuiste capaz de volver a construirte a pesar del sufrimiento.

Puede que a mi nunca me hayan roto un brazo a golpes, pero me han roto la dignidad y el autoestima muchas veces, sin nunca darme tiempo para curarme, sin ponerme un yeso en el alma.

No creo que ser rechazada desde el preescolar hasta décimo (cuando por fin tomé la decisión de validar el bachillerato y no volver a la cámara de tortura que era el colegio) me haya hecho más fuerte, pero tal vez si me hizo la persona que soy hoy en día. ¿Eso será bueno, o malo? No se. El tiempo dirá, supongo.

 

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