divagaciones

De mis piernas peludas y otras divagaciones

Hace unos años comencé a preguntarme, realmente preguntarme, ¿por qué me depilo y me rasuro las piernas y las axilas? ¿Por que soy tan obsesiva a la hora de cuidar el pelo en mi cabeza y sin embargo sueño con algún día poder pagar un tratamiento láser y así deshacerme definitivamente de todo pelo que tenga la audacia de aparecer debajo de mi cuello? Es solo pelo. Lo vemos todos los días. Yo misma he caído en la trampa de pensar que el pelo debajo de las axilas es asqueroso. En tercer semestre en la Universidad tuve el privilegio de tener clase con una de las mujeres más brillantes que he conocido en mi vida. Era un cátedra espectacular, y ella una de esas pocas profesoras que me puso a pensar y a exprimir toda mi materia gris para encontrar soluciones reales a complejos problemas sociales, políticos y medioambientales. Esta mujer era mi heroína absoluta. Sin ir más lejos, yo quería ser ella.

Hasta el día que fue a dictar clase con una camiseta sin mangas y al comenzar su animada charla levantó los brazos para revelar una espectacular maraña de ensortijados vellos oscuros debajo de su axila. Quedé en shock. No pude escuchar el resto de la charla. No podía mirarla directamente sin pensar inmediatamente que en cualquier momento iba a tener que ver sus axilas peludas de nuevo. No pensaba en la civilización como discurso de justificación de la colonización, el tema de la clase, pensaba única y exclusivamente: ¿Por qué no puede depilarse las axilas? ¿Que tan difícil es tomar una cuchilla y en diez segundos acabar con la selva amazónica que florece bajo sus brazos? O, en el peor de los casos, ¿Por qué tiene que usar camisetas sin mangas? Si no quiere depilar sus axilas, está bien, pero ¿Por qué tiene que someterme a mi y a las otras pobres y confundidas 25 almas que llenamos este salón a ver una axila peluda?

En fin. La clase se acabó y yo, siendo una persona medianamente sensata, seguí admirando a esta profesora e intentando ser la mejor estudiante que pudiera ser. Sin embargo, por mucho tiempo seguí pensando que yo JAMÁS sería capaz de exponer mis axilas con tanta candidez. Yo no llegaría nunca a tal grado de…. ¿de que?  No estaba segura. ¿Cual era exactamente mi problema? ¿Acaso me parecía asqueroso? Pues…. no. No realmente. La verdad, yo soy bastante peluda y además, tengo el pelo (todo el pelo) muy crespo. Esto quiere decir que cada vez que me rasuro las axilas o el vello púbico tengo que soportar la aparición de más de un vello que empieza a crecer hacia adentro, formando dolorosos y, ahí si, asquerosos, granos. Por esta razón, yo no suelo rasurarme ni el púbis ni las axilas. Ya se que me estoy poniendo muy gráfica, pero mi punto va a que yo misma, aprovechando que vivo en una ciudad fría donde normalmente uso pantalones largos y camisetas con mangas elijo no remover mi vello constantemente. Esto nunca fue político, ni para decir que soy dueña de mi cuerpo ni nada por el estilo. Era una simple decisión de comodidad (faltaría aclarar que en esa época todavía no había comenzado ningún tipo de vida sexual, pero eso es otro blog diferente). Esto quiere decir que mi shock al ver las axilas peludas de mi profesora no se debía a que me pareciera sucio no depilarse, o que considerara que fuese poco higiénico. Se debía única y exclusivamente al hecho de que podía ver el vello y a que la axila pertenecía a un miembro del género femenino.

Pasaron los años y yo seguí con mi política de depilarme solamente cuando iba a exponer mis piernas o mis axilas. Cuando tuve mi primer novio serio, me negaba rotundamente a dejar que me tocara si no había removido con cera caliente todos y cada uno de mis vellos incluyendo, ahora si, mi vello púbico. Depilarse duele, y es costoso. Pero, ¿que podía hacer? Si usaba una gillette me iban a salir los horribles pelos incrustados, y si no me depilaba a mi novio (pensaba yo en el momento) le iba a dar asco tocarme. En ese momento no me cuestionaba porqué a mi no me daba asco el vello de mi novio. En ese momento, como yo lo veía, era mi responsabilidad depilarme y punto (así como era exclusivamente mi responsabilidad pagar las pastillas anticonceptivas, pero eso es otra historia.)

Ahora, yo he tenido la enorme suerte de conocer hombres realmente maravillosos que me han querido por que somos amigos, por mi sentido del humor, por que nos gustan las mismas cosas, en fin, por cosas infinitamente más importantes que el vello corporal. La obsesión por ser lampiña venía de mi. Un hombre inteligente, sensible y que realmente las quiera no las va a hacer sentir mal por tener vello. Sobre todo si construyen una relación en la que la conexión de almas y de mentes se vuelve más importante que la conexión de cuerpos, en cuyo caso se vuelve irrelevante.

Mi punto es, tener vello no nos hace menos femeninas. Es normal. Si ustedes deciden que les gustan más sus piernas depiladas, entonces háganlo. Es como decidir operarse la nariz, o alizarse el pelo. Si quieren hacerlo por que realmente creen que van a ser más felices así, háganlo. Yo me depilo cuando voy a ponerme un bikini, pero ya no pienso que una mujer que no lo haga debería hacerlo solo para que yo no tenga que verlo. Ahora me doy cuenta de la tremenda injusticia que cometí contra mi profesora. En lugar de entender que su vello y sus decisiones sobre su cuerpo no disminuían su capacidad de enseñarme, yo me concentré en cuestionar un acto irrelevante que no me afectaba en lo más mínimo. El vello no es asqueroso y no es masculino. Es humano. Esto importa porque cuando ponemos la apariencia de las otras mujeres sobre su capacidad, estamos cometiendo un error tremendo, estamos efectivamente reduciendo a un ser individual único y complejo a un objeto que debe ser placentero a la vista o pierde todo su valor. Tener pelo no tiene por que causarnos ansiedad. Nuestros cuerpos deben ser una fuente de placer y de felicidad. La vida ya es bastante complicada. Cuando vean a una mujer sin depilar, no la miren mal, no digan que es sucio, por que no lo es. No causa malos olores tampoco como he escuchado decir varias veces, ni aleja a potenciales parejas. Así como yo nunca le exigiría a una persona que cambiase su apariencia para mi comodidad, nunca aceptaría que me lo hicieran a mi. No más con este cuento. Nuestros cuerpos son lo único realmente nuestro, hombres y mujeres. ¿De verdad vamos a permitir que alguien más decida sobre él? No.

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