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La tierra y la sombra

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La tierra y la sombra. Si alguna vez hubo un título perfecto para una película, es este. En La Tierra y la Sombra hablan los paisajes. Habla la ceniza que lo cubre todo y no perdona nada. Habla la luz, habla el polvo, hablan los árboles y habla la casa. Cuando las personas hablan, sus palabras parecen salir tanto de sus bocas como del paisaje que los rodea. Todo cae en su lugar y el espectador entiende que todo en esta tierra está marcado por el mismo tinte de tristeza. Aquí las explicaciones sobran porque es la fotografía la que cuenta la historia, y cuando los personajes hablan ninguna palabra es superflua. Cada respiración, cada movimiento y cada mirada sirven para abrir un poco más la ventana del alma de esta gente. Al final de la película el espectador siente que conoce a estas personas. Entiende sus motivaciones para hacer cosas que a primera vista parecen incomprensibles.

La luz es el personaje principal. La sombra que lo cubre todo cuando aparece la abuela. El sol que sale aveces con el abuelo. La penumbra en el cuarto de Gerardo, el hijo que lleva años enfermo y sin poder pararse de la cama. La historia es la de una familia tomando una decisión que realmente no lo es. Irse o quedarse en esta película es equivalente a vivir o morir.

En La tierra y la sombra no hay mensajes ni grandes moralejas. Es una película que nos muestra la vida real de una manera hermosa y conmovedora. Después de que rodaron los créditos finales me quedé sentada en mi silla, completamente anonadada. Pensaba en The road not taken, el poema de Robert Frost y pensaba también en Gritos y Susurros de Ingmar Bergman. Pensaba en la segunda por la manera en que diferentes personajes lidian con una situación similar. En Gritos y susurros los personajes desean que su hermana muera para poder irse y desprecian a la criada que la cuidó durante tantos años. Cuando la hermana muere respiran aliviados. En La tierra y la sombra la enfermedad de Gerardo no es una carga que los otros resientan. Más bien lo contrario. El amor es genuino. Pero también es la muerte lo único que puede liberarlos. Al menos a algunos de ellos. En The road not taken pensaba por algo diferente. En el poema, Frost se pregunta si su vida hubiese sido diferente de haber tomado el otro camino. Pero al final, ¿Importa? ¿Vale la pena mirar atrás cuando ya no se puede volver? No.

También pensaba que al final los dos caminos son el mismo. Los personajes de La tierra y la sombra solo posponen lo inevitable, y Frost realmente nunca tuvo la opción de tomar el otro camino. Al final lo único que importa es seguir adelante.

The road not taken:

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;
Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,
And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.
I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.
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